Siempre quise ser escritora porque para mí la lectura es una pasión; por eso deseaba crear mis propias historias pensando en ofrecer a los demás, las mismas horas de placer que a mí me proporcionaban los libros que leía. Sin embargo, el tiempo iba pasando y mi sueño aparecía lejano porque mis días estaban al servicio de la supervivencia. Hoy por fin puedo hacerlo.

De mi padre, un periodista y poeta bohemio, al que sobraban hijos, aprendí también el arte de escribir y la afición por el género policíaco. Todavía llena mi biblioteca parte de la suya, esos libros sobados y entrañables de Editorial Molino o la colección Círculo del Crimen. Fueron mis hermanos -lo mejor que me ha pasado en mi vida-, los primeros en soportar mis historias inventadas, que nunca podía repetir porque no las escribía, sólo se las contaba.

Pasaron los años y puedo cumplir mi sueño: ser escritora. Me ha costado tres largos años y 15 versiones mi primera novela; la segunda, vino rodada y sin tanto esfuerzo, la tercera está en marcha y la serie entera programada, elegidos los temas y llena de proyectos. El esfuerzo ha valido la pena y la soledad que he vivido, también.