Poco puedo decir interesante para una página de autora; centraré mi historia en las vivencias que han inspirado mi personaje, por lo que me limitaré a mi etapa en el Ministerio de la Gobernación.

Ingresé como funcionaria en el año 1968 y después de pasar por varias dependencias (Pasaportes, Hospederías, Establecimientos y Espectáculos y documento Nacional de Identidad), en el año 74 estaba destinada en el Archivo de la Brigada Regional de Información, en la que entonces estaba de comisario Manuel Rois Froján, que murió a causa de un accidente en septiembre de 1975. La prensa no ofreció detalles del accidente, probablemente por lo insólito del mismo. Aquella mañana, al llegar a la Brigada, muchas caras serias me recibieron con la noticia de que don Manuel había muerto de un tiro. Los hechos, según la familia, ocurrieron de forma extraña, porque cuando llegó a su casa fue directamente al gimnasio que había instalado en una habitación dirigiéndose a las barras paralelas. En el primer ejercicio vertical, la pistola que siempre llevaba metida en la cintura, cayó al suelo y el impacto disparó la bala que llevaba en la recámara encontrando su corazón en el camino.

Muchos nos extrañamos porque era un experto gimnasta, profesor de yoga y gran conocedor de las armas, pero nadie llevó a cabo una investigación. La brigada se quedó sin jefe y pronto fue sustituido como si nada hubiera pasado.

Es cierto que estuve destinada en el Grupo VI de la Brigada, del que era jefe de Grupo el inspector Ángel Rincón. A sus órdenes, llevé a cabo algunos trabajos que no voy a reflejar. Todos saben a qué se dedicaba la Brigada, pero sí es verdad que mi agnosticismo, ya considerable desde muy joven, creció cuando conocí los entresijos de muchos políticos que más tarde se apuntaron a una democracia en la que jamás habían creído.

Ángel Rincón también murió de accidente años más tarde, concretamente el 30 de octubre de 1993, recién ascendido a comisario principal. Era un buen amigo; yo lo conocí en 1968, cuando estaba destinada en Tarragona y él era inspector. Había estudiado derecho y psicología y era un gran policía, al que siempre vi tratar con respeto a los detenidos. Junto a él, trabajaban otros policías de los que sólo puedo decir palabras de elogio, pero no sé nada de ellos y me reservo sus nombres por si no quieren verlos en una Web.

Cuando conocí a fondo el funcionamiento de la policía, fue mientras hacía las oposiciones en la convocatorio de 1979. Entonces pude comprobar que muchas cosas que yo atribuía a las habladurías, eran verdad y pedí la excedencia.

Nunca participé en una investigación de asesinato, ni estuve en la Brigada Criminal. Las novelas y el personaje reflejan sólo mi fantasía y si he querido partir de un personaje que encarna al Grupo Especial, es sólo para rendir un modesto homenaje a las que sí continuaron en la brecha, a todas las que abrieron un camino que hoy vemos con normalidad, pero no fue así en los años 70.